Páginas

viernes, 28 de marzo de 2014

'Mientras tanto' con locución de Philippe Requena Plot

Consulta su disponibilidad
El estilo de este autor ha sido clasificado dentro de muchas categorías e incluso se ha dicho que muchas de sus novelas son de género incierto, sin embargo, varios autores han comentado la posible relación que existe entre sus obras y sus columnas.

La relación se puede dar por las influencias picarescas en novelas tales como Asuntos de un hidalgo disoluto, en otras palabras, se trata de la voz del narrador como crítico, satírico de los temas que se tratan; y al respecto Jiménez afirma “El límite entre lo literario y lo periodístico puede llegar a ser difuso, y según Abad sólo puede ser visible a partir de dos términos: verdad y realidad”.

Es así como la verdad y la realidad se vuelven focos de análisis para este autor, es por ello que en la entrevista concedida a Jiménez comenta que piensa en dos tipos de lectores para sus obras: "Tengo dos tipos de lector en mente, el que me odia y el que me quiere. Creo que tengo unos lectores habituados a mí, y quiero que esos lectores rompan ese horizonte de expectativa. Me parece que a los lectores hay que darles un remezón, hay que desconcertarlos, para que te sigan leyendo y no piensen que todo está dicho".

Por lo tanto, se puede ver que por medio de la verdad (mayormente en sus columnas) y las distorsiones de la realidad, Faciolince apunta a cautivar al lector en una continua renovación del interés por el tema en cuestión. Cuando parece que Abad Faciolince se desprende de los géneros literarios, lo que hace es navegar por ellos en busca de una constante innovación digna del lector que se interesa en su estilo narrativo. En novelas tales como Angosta del, se pueden ver claramente temas como la infidelidad, el oficio de escribir, entre otros haciendo visible la estrecha unión entre los temas tratados en las columnas y las novelas y sus personajes.

Además de esto a Héctor Abad Faciolince se lo ha catalogado para posibles nuevos cánones de la literatura latinoamericana y colombiana. Rivera al respecto propone la denominada «generación mutante» compuesta de los autores: Julio César Londoño, Rigoberto Gil Montoya, Santiago Gamboa, Octavio Escobar Giraldo, Philip Potdevin, Héctor Abad Faciolince y Jorge Franco Ramos, en donde los aspectos fundamentales para este grupo son la remitologización de temáticas universales, la revisitación del pasado, la hibridación de la cultura popular y lo urbano, el escepticismo ideológico e ironía crítica, la literatura sin pretensiones regionales, nacionales o universales, la muerte del autor y la relación de la literatura y el hombre con las tecnologías virtuales. O así mismo, es importante ver cómo Escobar realiza una clara selección de cuatro autores que considera representativos de Colombia en su libro Cuatro náufragos de la palabra, en donde habla de que ellos “revelan parte de a esencia de nuestra cultura”.



"Mientras tanto", incluido en el libro "el amanecer de un marido" de Héctor Abad Faciolince, editado por Seix Barral, en Barcelona, en el año 2008, con locución de Philippe Requena Plot, con música basada en "four short pieces", de Albrecht Maurer


miércoles, 26 de marzo de 2014

'Un general en la biblioteca' con locución de Ángela Ruiz Sánchez


Consulta su disponibilidad




Italo Calvino (Italo Giovanni Calvino Mameli: Santiago de Las Vegas, de la Provincia de La Habana, en Cuba, 15 de octubre de 1923 - Siena, de Italia, 19 de septiembre de 1985) fue un escritor del siglo XX.


Nacido en Cuba de padres italianos. Toda su etapa formativa se desarrolló en Italia, donde también se desarrollaría la mayor parte de su carrera como escritor.
"Un general en la biblioteca", de Italo Calvino, , de su libro "la dulce bonanza de las Antillas", traducido por Aurora Bermúdez, editado por Tusquets, en Barcelona, en el año 1993, con locución de Ángela Ruiz Sánchez, y música basada en "quinteto de viento en La mayor, op. 143" de Carl Nielsen.


UN GENERAL EN LA BIBLIOTECA



En Panduria, nación ilustre, una sospecha se insinuó un día en la mente de los altos oficiales: la de que los libros contenían opiniones contrarias al prestigio militar. En realidad, de procesos y encuestas se desprendía que esta costumbre ya tan difundida de considerar a los generales como gente que también puede equivocarse y aun provocar desastres, y las guerras como algo a veces diferentes de las radiantes cabalgatas hacia destinos gloriosos, era compartida por gran cantidad de libros modernos y antiguos, pandurios y extranjeros. 

El Estado Mayor de Panduria se reunió para hacer un balance de la situación. Pero no sabían por dónde empezar, porque en materia de bibliografía ninguno de ellos, era ducho. Se nombró una comisión investigadora, mando del general Fedina, oficial severo y escrupuloso. La comisión examinaría todos los libros de la biblioteca más grande de Panduria. 

Estaba esta biblioteca en un antiguo palacio lleno de esclareas y columnas, desconchado y decrépito por aquí y por allá. Sus frías salas estaban atestadas de libros, repletas, en parte impracticables, sólo los ratones podían explorarlas en todos sus rincones. El presupuesto del Estado pandurio, sobrecargado con ingentes gastos militares, no podía proporcionar ninguna ayuda. 

Los militares tomaron posesión de la biblioteca una mañana lluviosa de noviembre. El general se apeó de su caballo, retacón, sacando pecho, con su gruesa nuca afeitada, las cejas fruncidas sobre pinche-nez, de un automóvil bajaron cuatro tenientes larguiruchos, el mentón alto y los parpados bajos, cada uno con su portafolio en la mano. Después venía una cuadrilla de soldados que acamparon en el antiguo patio con mulos, balas de heno, tiendas, cocinas, radios de campaña y estandartes. 

Se pusieron centinelas en las puertas y un cartel que prohibía la entrada, “debido a loas grandes maniobras y mientras duraran las mismas”. Era un expediente para que la investigación se pudiera realizar en el mayor secreto. Los estudiosos que solían llegar a la biblioteca todas las mañana, con los abrigos puestos, bufandas y pasamontañas para no congelarse, tuvieron que volverse atrás. Perplejos, se preguntaban: 

- ¿Cómo? ¿Grandes maniobras en una biblioteca? ¿No irán a desordenarla? ¿Y la caballería? ¡Y harán también ejercicios de tiro! 

Del personal de la biblioteca sólo quedó un viejecito, el señor Crispino, reclutado para que explicase a los oficiales la localización d los volúmenes. Era un tipo bajito, con el cráneo calvo como un huevo y ojos como cabeza de alfiler detrás de las gafas con patillas. 

El general Fedina se preocupó ante todo de la organización logística, porque las órdenes eran que l comisión no saliera de la biblioteca antes de haber llevado a su término la investigación; era un trabajo que requería concentración y no debía distraerse. Se procuraron suministros de víveres, alguna estufa del cuartel, una provisión de leña, a la que se añadió alguna colección de viejas revistas consideradas poco interesantes. Nunca había hecho tanto calor en la biblioteca en aquella estación. En lugares seguros, rodeados de trampas para los ratones, se colocaron los catres donde el general y sus oficiales dormirían. 

Después se procedió a la adjudicación de las tareas. Se asignó a cada uno de los tenientes determinada rama del saber, determinados siglos de historia. El general controlaría la clasificación de los volúmenes y los sellos diferentes aplicados según el libro fuera declarado legible para los oficiales, los suboficiales, la tropa, o bien denunciado al Tribunal Militar. 

Y la comisión comenzó su servicio. Todas las noches la radio de campaña transmitía el informe del general Fedina al comando supremo. “Examinados, tantos volúmenes. Considerados sospechosos, tantos”. Rara vez aquellas frías cifras iban acompañadas de alguna comunicación extraordinaria: la petición de un par de gafas de présbita para un teniente que había roto las suyas, la noticia de que un mulo se había comido un raro códice de Cicerón que había quedado sin custodia. 

Pero iban madurando acontecimientos de mucha mayor importancia, de los que la radio de campaña no transmitía noticias. La selva de libros, antes que ralear, parecía cada vez más enmarañada e insidiosa. Los oficiales se habrían perdido si no hubiese sido por la ayuda del señor Crispino. Por ejemplo, el teniente Abrogati se ponía de pie como por un resorte y arrojaba sobre la mesa el volumen que estaba leyendo: 

- ¡Pero es inaudito! ¡Un libro sobre las guerras púnicas que habla bien de los cartagineses y crítica los romanos! ¡Hay que hacer enseguida la denuncia! 

(Es preciso decir que los pandurios, con razón o sin ella, se consideraban descendientes de los romanos) Con paso silencioso en sus pantuflas afelpadas, se le acercaba el viejo bibliotecario. 

-Y eso no es nada - decía-. Lea aquí, siempre sobre los romanos, lo que se escribe, podrá dejar constancia en el informe también de eso. Y esto, y eso - y le sometía una pila de volúmenes. 

Un teniente empezaba a hojear los volúmenes, nerviosos, después, más interesado, leía, tomaba notas. Y se rascaba la cabeza, farfullando: 

- ¡Demonios! ¡Pero cuántas cosas se aprenden! ¡Quién lo hubiera dicho! 

El señor Crispino se desplazaba hacia el teniente Lucchetti que cerraba untoso con furia, diciendo: 

-¡Muy bonito! ¡Aquí tienen el coraje de expresar dudas sobre la pureza de los ideales de las Cruzadas! ¡Sí señor, de las cruzadas! 

Y el señor Crispino, sonriendo: 

-Ah, mire que, si tiene que hacer un informe sobre ese tema, puedo sugerirle algún otro libro donde encontrará más detalles- y le bajaba medio anaquel. 

El teniente Lucchetti arremetía y durante una semana se lo oía hojear y murmurar: 

-¡Pero hay que ver, estas Cruzadas, qué historia! 

En el comunicado vespertino de la comisión, la cantidad de libros examinados era cada vez mayor, pero ya no se transmitía ningún dato sobre los veredictos positivos o negativos. Los sellos del general Fedina quedaban sin usar. Si, tratando de controlar el trabajo de los tenientes, preguntaba a uno de ellos: “¿Pero cómo has dejado pasar esta novela? ¡La tropa queda mejor parada que los oficiales! ¡Es un autor que no respeta el orden jerárquico!”, el teniente le contestaba citando otros autores, enredándose en razonamientos históricos, filosóficos y económicos. Se producían discusiones generales que duraban horas y horas. El señor Crispino, silencioso en sus pantuflas, casi invisible con su guardapolvo gris, intervenía siempre en el momento justo, con un libro que a su entender contenía detalles interesantes sobre el tema en cuestión y que siempre producía el efecto de poner en crisis las convicciones del general Fedina. 

Entre tantos los soldados poco tenían que hacer y se aburrían. Uno de ellos, Barabasso, el más instruido, pidió a los oficiales un libro para leer. Quisieron darle sin más uno de los pocos que ya había sido declarados legibles para la tropa; pero pensando en los miles de volúmenes que aún quedaban por examinar, al general no le pareció bien que las horas de lectura del soldado Barabasso fueran horas perdidas para los fines del servicio, y le dio un libro que estaba por examinar, una novela que parecía fácil, aconsejada por el señor Crispino. Una vez leído Barabasso debía informar al general. 

Otros soldados también pidieron y consiguieron lo mismo. El soldado Tommasone leía en voz alta a un camarada analfabeto, y éste daba su parecer. En las discusiones generales empezaron a participar también los soldados. 

Sobre la consecución de los trabajos de la comisión no se conocen muchos detalles: lo que sucedió en la biblioteca durante las largas semanas invernales no fue objeto de informe. El hecho es que el Estado Mayor de Panduria llegaban cada vez menos informes radiofónicos del general Fedina, hasta que llegó el momento en que dejaron de llegar por completo. El comando supremo empezó a alarmarse; transmitió la orden de concluir la investigación cuanto antes y de presentar una relación exhaustiva. 

La orden llegó a la biblioteca cuando en el alma de Fedina y de sus hombres luchaban sentimientos encontrados: por un lado descubrían a cada momento nuevas curiosidades que satisfacer, iban tomando gusto a aquellas lecturas y aquellos estudios como jamás lo hubieran imaginado, por otro lado no veían la hora de volver con las gentes, de retomar contacto con la vida que les parecía ahora mucho más compleja, casi renovada ante sus ojos, y por otro más, al acercarse el día en que deberían abandonar la biblioteca, se sentían llenos de aprensión, porque debían rendir cuentas de su misión, y con todas las ideas que les brotaban en la cabeza ya no sabían cómo salir del atolladero. 

Por la noche miraban desde los vitrales los primeros brotes en las ramas iluminadas por el crepúsculo, y las luces de la ciudad que se encendían, mientras uno de ellos leía en voz alta los versos de un poeta. Fedina no estaba con ellos: había dado orden de que lo dejaran solo en su mesa, porque debía redactar la relación final. Pero de vez en cuando se oía sonar la campanilla y la voz que llamaba: ¡Crispino! ¡Crispino!. No podía seguir adelante sin la ayuda del viejo bibliotecario, y terminaron por sentarse a la misma mesa y redactar juntos la relación. 

Por fin una buena mañana la comisión salió de la biblioteca y fue a informar al comando supremo, y Fedina ilustró los resultados de la investigación delante del Estado Mayor reunido. Su discurso fue una especie de compendio de la historia de la humanidad, desde los orígenes hasta nuestros días, en la que todas las ideas más indiscutibles para los bien pensantes de Panduria eran criticadas, las clases dirigentes denunciadas como responsables de las desventuras de la patria, el pueblo exaltado como víctima heroica de guerras y políticas equivocadas. Fue una exposición un poco confusa, con afirmaciones a menudo simplistas y contradictorias, como ocurre a quien ha abrazado hace poco nuevas ideas. Pero sobre el significado general no cabían dudas. La asamblea de los generales de Panduria palideció, desencajó los ojos, recuperó la voz, gritó. El general no pudo terminar siquiera. Se habló de degradación, de proceso. Después, por temor a escándalos más graves, el general y los cuatro tenientes fueron declarados en retiro por motivos de salud, debido a un grave agotamiento nervioso contraído durante el servicio. Vestidos de paisanos, se los veía entrar a menudo, con sus abrigos y arropados para no congelarse, en la vieja biblioteca donde los esperaba el señor Crispino con sus libros.

jueves, 20 de marzo de 2014

'Tengo mucho que contarle' con locución de Rocío Fernández García

Consulta su disponibilidad

Sobre Luigi Pirandello

Luigi Pirandello (Agrigento, Sicilia, Italia, 28 de junio de 1867 - Roma, Italia, 10 de diciembre de 1936) fue un reconocido dramaturgo, novelista y escritor de relatos cortos italiano, ganador en 1934 del Premio Nobel de Literatura.

Inició su educación en su propia casa, pasando después a estudiar en Palermo y derecho en Roma. Obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Bonn. A continuación dio clases en un Instituto de Roma y comenzó su actividad literaria publicando poesías, ensayos y relatos en diversos periódicos. Se inició en la narrativa, para posteriormente dedicarse al teatro, siendo director del Teatro D´Arte de Roma y de los de Turín y Milán.

Novelista, poeta y autor de relatos cortos, es fundamentalmente conocido como dramaturgo, siendo el más importante dramaturgo “entre guerras” y precursor del teatro del absurdo y del existencialismo al más puro estilo de Sastre. Su profundo pesimismo sobre la condición humana, hace que su teatro esté basado en la continua oposición entre la realidad y las apariencias, que en muchas ocasiones se expresa a través del humor. Le fue concedido el Premio Nobel de Literatura en 1934, pero por su narrativa.


"Tengo mucho que contarle", de Luigi Pirandello, traducido por Marilena de Chiara, de su libro "cuentos para un año", tomo 3º, publicado por Editorial Nórdic a, en su colección "otras latitudes", con locución de Rocío Fernández García, y música basada en "cuarteto de cuerda nº 16 en fa mayor, op.135" de Beethoven.


viernes, 14 de marzo de 2014

'Los mártires' con locución de Paqui Padilla Navarro


"Los mártires", de Anton Chejov, de su libro "la tristeza y otros cuentos", publicado por Editorial Paréntesis, en Sevilla, el año 2014, con traducción de N . Tasin, con locución de Paqui Padilla Navarro, y música basada en "wind quintet op. 67" de Franz Danzi, por Soni Ventorum Wind Quintet

Los mártiresAnton Chejov


Lisa Kudrinsky, una señora joven y muy cortejada, se ha puesto de pronto tan enferma, que su marido se ha quedado en casa en vez de irse a la oficina, y le ha telegrafiado a su madre.

Consulta su disponibilidad
He aquí cómo cuenta la señora Lisa la historia de su enfermedad:

-Después de pasar una semana en la quinta de mi tía me fui a casa de mi prima Varia. Aunque su marido es un déspota -¡yo lo mataría!- hemos pasado unos días deliciosos. La otra noche dimos una función de aficionados, en la que tomé yo parte. Representamos Un escándalo en el gran mundo. Frustalev estuvo muy bien. En un entreacto bebí un poco de limón helado con coñac. Es una mezcla que sabe a champagne. Al parecer no me sentó mal. Al día siguiente hicimos una excursión a caballo. La mañana era un poco húmeda y me resfrié. Hoy he venido a ver a mi pobre maridito y a llevarme el traje de seda. No había hecho más que llegar, cuando he sentido unos espasmos en el estómago y unos dolores... Creí que me moría. Varia, ¡claro!, se ha asustado mucho; ha empezado a tirarse de los pelos, ha mandado por el médico. ¡Han sido unos momentos terribles!

Tal es el relato que la pobre enferma les hace a todos sus visitantes.

Después de la visita del médico se duerme con el sosegado sueño de los justos, y no se despierta en seis horas.

En el reloj acaban de dar las dos de la mañana. La luz de una lámpara con pantalla azul alumbra débilmente la estancia. Lisa, envuelta en un blanco peinador de seda y tocada con un coquetón gorro de encaje, entreabre los ojos y suspira. A los pies de la cama está sentado su marido, Visili Stepanovich. Al pobre le colma de felicidad la presencia de su mujer, casi siempre ausente de casa; pero, al mismo tiempo, su enfermedad le desasosiega en extremo.

-¿Qué tal, querida? ¿Estás mejor? -le pregunta muy quedo.

-¡Un poco mejor! -gime ella-. ¡Ya no tengo espasmos; pero no puedo dormir!...

-¿Quieres que te cambie la compresa, ángel mío?

Lisa se incorpora con lentitud, pintado un intenso sufrimiento en la faz, e inclina la cabeza hacia su marido, que, sin tocar apenas su cuerpo, como si fuese algo sagrado, le cambia la compresa. El agua fría la estremece ligeramente y le arranca risitas nerviosas.

-¿Y tú, pobrecito, no has dormido? -gime, tendiéndose de nuevo.

-¿Acaso podría yo dormir estando enferma mi mujercita?

-Esto no es nada, Vasia. Son los nervios. ¡Soy una mujer tan nerviosa...! El doctor lo achaca al estómago; pero estoy segura de que se engaña. No ha comprendido mi enfermedad. Son los nervios y no el estómago, ¡te lo juro! Lo único que temo es que sobrevenga alguna complicación...

-¡No, mujer! Mañana se te habrá pasado ya todo.

-No lo espero... No me importa morirme; pero cuando pienso que tú te quedarías solo... ¡Dios mío!... ¡Ya te veo viudo!...

Aunque el amante esposo está solo casi siempre y ve muy poco a su mujer, se amilana y se aflige al oírla hablar así.

-¡Vamos, mujer! ¿Cómo se te ocurren pensamientos tan tristes? Te aseguro que mañana estarás completamente bien...

-No lo espero... Además, aunque yo me muera, la pena no te matará. Llorarás un poco y te casarás luego con otra...

El marido no encuentra palabras para protestar contra semejantes suposiciones, y se defiende con gestos y ademanes de desesperación.

-¡Bueno, bueno, me callo! -le dice su mujer-. Pero debes estar preparado...

Y piensa, cerrando los ojos: «Si efectivamente me muriera...»

El cuadro de su propia muerte se le representa con todo lujo de detalles. En torno del lecho mortuorio lloran Vasia, su madre, su prima Varia y su marido, sus amigos, su adoradores. Está pálida y bella. La amortajan con un vestido color de rosa, que le sienta a las mil maravillas, y la colocan sobre un verdadero tapiz de flores, en un ataúd magnífico, con aplicaciones doradas. Huele a incienso; arden las velas funerarias. Su marido la mira a través de las lágrimas. Sus adoradores la contemplan con admiración. «Se diría -murmuran- que está viva. ¡Hasta en el ataúd está bella!» Toda la ciudad se conduele de su fin prematuro... El ataúd es transportado a la iglesia por sus adoradores, entre los que va el estudiante de ojos negros que le aconsejó que bebiese la limonada con coñac... Es lástima que no acompañe a la procesión fúnebre una banda de música... Después de la misa, todos rodean el ataúd y se oyen los adioses supremos. Llantos, sollozos, escenas dramáticas... Luego, el cementerio. Cierran el ataúd...

Lisa se estremece y abre los ojos.

-¿Estás ahí, Vasia? -pregunta-. ¡No hago más que pensar cosas tristes, no puedo dormir!... ¡Ten piedad de mí, Vasia, y cuéntame algo interesante!

-¿Qué quieres que te cuente, querida?

-Una historia de amor -contesta con voz moribunda la enferma-, una anécdota....

Vasili Stepanovich hasta bailaría de coronilla con tal de ahuyentar los pensamientos tristes de su mujer.

-Bueno; voy a imitar a un relojero judío.

El amante esposo pone una cara muy graciosa de judío viejo, y se acerca a la enferma.

-¿Necesita usted, por casualidad, componer su reloj, hermosa señora? -pregunta con una pronunciación cómicamente hebrea.

-¡Sí, sí! -contesta Lisa, riendo y alargándole a su marido su relojito de oro, que ha dejado, como de costumbre, en la mesa de noche-. ¡Compóngalo, compóngalo!

Vasili Stepanovich coge el reloj, lo abre, lo examina detenidamente, encorvado y haciendo muecas, y dice:

-No tiene compostura; la máquina está hecha una lástima.

Lisa se ríe a carcajadas y aplaude.

-¡Muy bien! ¡Magnífico! -exclama-. ¡Eres un excelente artista! Haces mal en no tomar parte en nuestras funciones de aficionados. Tienes talento. Más que Sisunov. Sisunov es un joven con una vis cónica admirable. Sólo el verle la cara es morirse de risa. Figúrate una nariz apatatada, roja como una zanahoria, unos ojillos verdes... Pues ¿y el modo de andar?... Anda de un modo graciosísimo, igual que una cigüeña. Así, mira...

La enferma salta de la cama y empieza a andar descalza a través de la habitación.

-¡Salud, señoras y señores! -dice con voz de bajo, remedando al señor Sisunov-. ¿Qué hay de bueno por el mundo?

Su propia toninada la hace reír.

-¡Ja, ja, ja!

-¡Ja, ja, ja! -ríe su marido.

Y ambos, olvidada la enfermedad de ella, se ponen a jugar, a hacer niñerías, a perseguirse. El marido logra sujetar a la mujer por los encajes de la camisa y la cubre de ardientes besos.

De pronto ella se acuerda de que está gravemente enferma.

Se vuelve a acostar, la sonrisa huye de su rostro...

-¡Es imperdonable! -se lamenta-. ¡No consideras que estoy enferma!

-¿Me perdonas?

-Si me pongo peor, tú tendrás la culpa. ¡Qué malo eres!

Lisa cierra los ojos y enmudece. Se pinta de nuevo en su faz el sufrimiento. Se escapan de su pecho dolorosos gemidos. Vasia se cambia la compresa y se sienta a su cabecera, de donde no se mueve en toda la noche.

A las diez de la mañana vuelve el doctor.

-Bueno; ¿cómo van esas fuerzas? -le pregunta a la enferma, tomándole el pulso-. ¿Ha dormido usted?

-¡Se siente mal, muy mal! -susurra el marido.

Ella abre los ojos y dice con voz débil:

-Doctor, ¿podría tomar un poco de café?

-No hay inconveniente.

-¿Y me permite usted levantarme?

-Sí; pero sería mejor que guardase usted cama hoy.

-Los malditos nervios... -susurra el marido en un aparte con el médico-. La atormentan pensamientos tristes... Estoy con el alma en un hilo.

El doctor se sienta ante una mesa, se frota la frente y le receta a Lisa bromuro. Luego se despide hasta la noche.

Al mediodía se presentan los adoradores de la enferma, con cara de angustia todos ellos. Le traen flores y novelas francesas. Lisa, interesantísima con su peinador blanco y su gorro de encaje, les dirige una mirada lánguida en que se lee su escepticismo respecto a una curación próxima. La mayoría de sus adoradores no han visto nunca a su marido, a quien tratan con cierta indulgencia. Soportan su presencia armados de cristiana resignación: su común desventura les ha reunido con él junto a la cabecera de la enferma adorable.

A las seis de la tarde, Lisa torna a dormirse para no despertar hasta las dos de la mañana. Vasia, como la noche anterior, vela junto a su cabecera, le cambia la compresa, le cuenta anécdotas regocijadas.

- Pero ¿adónde vas, querida? -le pregunta Vasia, a la mañana siguiente, a su mujer, que está poniéndose el sombrero ante el espejo-. ¿Adónde vas?

Y le dirige miradas suplicantes.

- ¿Cómo que adónde voy? -contesta ella, asombrada-. ¿No te he dicho que hoy se repite la función de teatro en casa de María Lvovna?

Un cuarto de hora después toma el tole.

El marido suspira, coge la cartera y se va a la oficina. Las dos noches de vigilia le han producido un fuerte dolor de cabeza y un gran desmadejamiento.

-¿Qué le pasa a usted? -le pregunta su jefe.

Vasia hace un gesto de desesperación y ocupa su sitio habitual.

-¡Si supiera vuestra excelencia -contesta- lo que he sufrido estos dos días!... ¡Mi Lisa está enferma!

-¡Dios mío! -exclama el jefe-. ¿Lisaveta Pavlovna? ¿Y qué tiene?

El otro alza los ojos y las manos al cielo, como diciendo:

-¡Dios lo quiere!

-¿Es grave, pues, la cosa?

-¡Creo que sí!

-¡Amigo mío, yo sé lo que es eso! -suspira el alto funcionario, cerrando los ojos-. He perdido a mi esposa... ¡Es una pérdida terrible!... Pero estará mejor la señora, ¿verdad? ¿Qué médico la asiste?

-Von Sterk.

-¿Von Sterk? Yo que usted, amigo mío, llamaría a Magnus o a Semandritsky... Está usted muy pálido. Se diría que está usted enfermo también...

-Sí, excelencia... Llevo dos noches sin dormir, y he sufrido tanto...

-Pero ¿para qué ha venido usted? ¡Váyase a casa y cuídese! No hay que olvidar el proverbio latino: Mens sana in corpore sano...

Vasia se deja convencer, coge la cartera, se despide del jefe y se va a su casa a dormir.


jueves, 13 de marzo de 2014

'La fugitiva' (relato nº 32) con locución de Noelia Teruel

Rabindranath Tagore, (Calcuta, 1861 - 1941) fue un poeta bengalí, poeta filósofo del movimiento Brahmo Samaj (posteriormente convertido al hinduismo), artista, dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones que fue premiado con el Premio Nobel de Literatura en 1913, convirtiéndose así en el primer laureado no europeo en obtener este reconocimiento.

Tagore revolucionó la literatura bengalí con obras tales como El hogar y el mundo y Gitanjali.

Rabindranath Tagore ha sido para varias generaciones de amantes de la poesía y de la espiritualidad oriental una lámpara maravillosa. Sin embargo, al menos en español, los lectores del «Gitánjali», el corpus lírico fundamental del premio Nobel, poeta y pedagogo indio nacido en 1861 y muerto en 1941, seguían alumbrándose con la traducción que Zenobia Camprubí, la esposa de Juan Ramón Jiménez, hizo del inglés. Gracias a la perseverancia y la devoción del padre jesuita Manuel Díaz Gárriz, que lleva más medio siglo de misión en el estado indio de Gujarat Norte, contamos ahora con la primera versión en castellano de ños 103 poemas del «Gitánjali» traducidos directamente de la lengua en que Tagore los escribió, el bengalí.


ESCUCHA EL RELATO


Relato nº 32 del libro "la fugitiva", de Rabindranath Tagore, publicado en el tomo 1 de sus obras selectas, por Edicomunicación, en Barcelona, el año 2003, con locución de Noelia Teruel, y música basada en "rain has passed" de Sergey Kovchik.

miércoles, 12 de marzo de 2014

'Un día cubierto de nubes' con locución de Noelia Teruel

Consulta su disponibilidad
Con Lipika, Tagore introdujo un nuevo género en la literatura bengalí - la del poema en prosa sin rima - y estableció una forma que muchos escritores jóvenes iban a seguir con una serie de sketches cortos, basados ​​en los temas de los mitos, cuentos de hadas y los incidentes del mundo cotidiano, que destila su sabiduría sobre la naturaleza humana, sobre el amor, la muerte y la búsqueda de los objetivos de la vida, visto con delicadeza, humor sutil y el toque seguro que brota de un profundo entendimiento.

Escucha el relato




"Un día cubierto de nubes", de Rabindranath Tagore, forma parte de su libro "Lipika" publicado en el tomo 1 de sus obras selectas, por Edicomunicación, en Barcelona, el año 2003, con locución de Noelia Teruel, y música basada en "violin sonata nº 3 en D menor, op.108-2-Adagio" de Johannes Brahms.

martes, 11 de marzo de 2014

'El principito (Capítulo 16)' con locución de Noelia Teruel

Consulta su disponibilidad
El principito (en francés: Le Petit Prince) es una novela corta y la obra más famosa del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900–1944). La obra fue publicada en abril de 1943 y se ha convertido en el libro en francés más leído y más traducido.

Saint-Exupéry, ganador de varios de los premios literarios más importantes de Francia y piloto militar al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, escribió e ilustró el manuscrito mientras se encontraba exiliado en los Estados Unidos luego de la Batalla de Francia. Ahí tenía la misión personal de persuadir al gobierno de dicho país para que le declarara la guerra a la Alemania nazi. En medio de una crisis personal y con la salud cada vez más deteriorada, produjo en su exilio casi la mitad de los escritos por los que sería recordado; entre ellos, El principito, un relato considerado como un libro infantil por la forma en la que está escrito pero en el que en realidad se tratan temas profundos como el sentido de la vida, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida.

Personajes principales


El Principito: personaje principal del libro, toda la historia está basada en él. Es un niño que viaja de planeta en planeta haciendo preguntas que se dan por hechas, y que no interesan a nadie. Vive en un pequeño planeta que podríamos identificar no como un planeta, sino como su propia vida, así el resto de planetas que visita son en realidad las vidas de otras personas que conoce. El hecho de que su planeta sea tan pequeño viene a decirnos que tiene mucho por vivir y aprender.

El aviador: coprotagonista, es un adulto que intenta razonar y actuar como un niño, pero sabe que en realidad no lo es, que ha perdido su condición pero intenta recuperarla. Es nuestra propia imagen, nuestro reflejo en la historia, el personaje que nos identifica dentro de la novela y que nos hace ver cómo deberíamos ver las cosas y cómo en realidad las vemos, cuando nos critica con frases como: «Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!"». Por sus características, podemos identificar al narrador con el propio autor que nos va guiando a lo largo de la historia.

El cordero: personaje aparentemente irrelevante pero de gran significado. Es un amigo que lo ayudará a librarse de los problemas que pueda tener o surgirle, pero como todos los amigos sin querer, algún día, pueden volverse en tu contra y hacernos daño.

La caja: en un achaque de ira por no saber dibujar el cordero, el autor dibuja una caja y dice: «Esta es la caja. El cordero que quieres está dentro». Imaginación es lo que se necesita para ver lo que hay dentro, la caja es una alusión a la imaginación que los adultos ya no suelen usar.

La Rosa: personaje que nos pone de manifiesto el amor del principito. La Rosa no es una flor cualquiera, es su amor, es espléndida, es magnífica entre otras muchas, es única en su «planeta». Ha habido otras, pero esta es la que ha «florecido» y perdura, es la metáfora de la mujer que ama, que se ha quedado para siempre en su corazón. Bonita, huele bien, perfecta y, al mismo tiempo, llena de imperfecciones. Es frágil, hay que cuidarla, mimarla, estar siempre atento; además es orgullosa, vanidosa, egoísta y mentirosa. Aún así es su flor, única entre otras. Pone de manifiesto la inocencia del principito, su inexperiencia. Responsable de la huida del principito por crearle una gran confusión con su forma de hacer o decir las cosas.

Los baobabs: son los problemas, hay que solucionarlos antes que sean demasiado complicados, es la moraleja que nos deja el autor, cuando nos alerta: «¡Niños, atención a los baobabs!». Los niños somos nosotros. Hay que tener disciplina, cuidado, estar atento siempre para diferenciar lo bueno de lo malo y actuar en consecuencia.

Los volcanes: tareas comunes del día a día, no son un problema como los baobabs, son simplemente cosas que hay que hacer para que todo vaya bien, y hay que hacerlo aunque no nos guste, aquí se vuelve a hacer hincapié en la disciplina.

El fanal o globo: la protección, los celos o los mimos y cuidados que hay que tener para que la «Rosa» se sienta protegida y querida, aunque realmente no los necesita.

El zorro personaje medular de la historia, quien le hace ver al principito la esencia, pero también las dificultades y costos de la amistad.


LEE EL CAPÍTULO


lunes, 10 de marzo de 2014

'La senda transitada' con locución de Noelia Teruel

Consulta su disponibilidad

Sobre Rabindranath Tagore

Rabindranath Tagore, en idioma bengalí, রবীন্দ্রনাথ ঠাকুর, (Calcuta, 7 de mayo de 1861 - Calcuta, 7 de agosto de 1941) fue un poeta bengalí, poeta filósofo del movimiento Brahmo Samaj (posteriormente convertido al hinduismo), artista, dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones que fue premiado con el Premio Nobel de Literatura en 1913, convirtiéndose así en el primer laureado no europeo en obtener este reconocimiento.

Tagore revolucionó la literatura bengalí con obras tales como El hogar y el mundo y Gitanjali. Extendió el amplio arte bengalí con multitud de poemas, historias cortas, cartas, ensayos y pinturas. Fue también un sabio y reformador cultural que modernizó el arte bengalí desafiando las severas críticas que hasta entonces lo vinculaban a unas formas clasicistas. Dos de sus canciones son ahora los himnos nacionales de Bangladés e India: el Amar Shonar Bangla y el Jana-Gana-Mana.

La poesía domina la reputación literaria de Tagore, pero también escribió novelas, ensayos, historias cortas, diarios de viaje y teatro. Suman casi un centenar de libros. También escribió numerosas canciones que compuso en su integridad él mismo.

Cuentos cortos

De la prosa de Tagore, quizás las obras que se tienen más en consideración son sus cuentos cortos. Se le atribuye la introducción de este género en la literatura bengalí. Sus cuentos cortos están escritos en una prosa rítmica, a menudo incluso poética, y cuya principal temática son las vidas de la gente corriente.

Tagore comenzó a escribir cuentos cortos cuando apenas tenía dieciséis años, en 1877, comenzando con Bhikharini (La mendiga). Los cuatro años entre 1891–1895 son definidos por los historiadores como el periodo "Sadhana" de Tagore (nombrado como uno de los magazines de Tagore). El fruto principal de este periodo forma cerca de la mitad de los cuentos en los tres volúmenes del Galpaguchchha, que es una colección de 84 relatos.

Tagore solía asociar sus primeros cuentos (como lo son los del periodo "Sadhana") con una exuberante vitalidad y espontaneidad; estas características estaban íntimamente relacionadas con la vida de Tagore en los pueblos de, entre otros, Patisar, Shajadpur, y Shilaida mientras gestionaba las amplias propiedades familiares.
"La senda transitada", de Rabindranath Tagore, forma parte de su libro "Lipika" publicado en el tomo 1 de sus obras selectas, por Edicomunicación, en Barcelona , el año 2003, con locución de Noelia Teruel, y música basada en "sonata en F, Hob XVI:23, II. Adagio" de Joseph Haydn.

miércoles, 5 de marzo de 2014

'El amanecer de un marido' con locución de Jesús Martínez González

Consulta su disponibilidad

Como novelista

El estilo de este autor ha sido clasificado dentro de muchas categorías e incluso se ha dicho que muchas de sus novelas son de género incierto, sin embargo, varios autores han comentado la posible relación que existe entre sus obras y sus columnas

La relación se puede dar por las influencias picarescas en novelas tales como Asuntos de un hidalgo disoluto, en otras palabras, se trata de la voz del narrador como crítico, satírico de los temas que se tratan; y al respecto Jiménez afirma “El límite entre lo literario y lo periodístico puede llegar a ser difuso, y según Abad sólo puede ser visible a partir de dos términos: verdad y realidad”

Es así como la verdad y la realidad se vuelven focos de análisis para este autor, es por ello que en la entrevista concedida a Jiménez comenta que piensa en dos tipos de lectores para sus obras: "Tengo dos tipos de lector en mente, el que me odia y el que me quiere. Creo que tengo unos lectores habituados a mí, y quiero que esos lectores rompan ese horizonte de expectativa. Me parece que a los lectores hay que darles un remezón, hay que desconcertarlos, para que te sigan leyendo y no piensen que todo está dicho".

Por lo tanto, se puede ver que por medio de la verdad (mayormente en sus columnas) y las distorsiones de la realidad, Faciolince apunta a cautivar al lector en una continua renovación del interés por el tema en cuestión. Cuando parece que Abad Faciolince se desprende de los géneros literarios, lo que hace es navegar por ellos en busca de una constante innovación digna del lector que se interesa en su estilo narrativo. En novelas tales como Angosta del, se pueden ver claramente temas como la infidelidad, el oficio de escribir, entre otros haciendo visible la estrecha unión entre los temas tratados en las columnas y las novelas y sus personajes.

Además de esto a Héctor Abad Faciolince se lo ha catalogado para posibles nuevos cánones de la literatura latinoamericana y colombiana. Rivera al respecto propone la denominada «generación mutante» compuesta de los autores: Julio César Londoño, Rigoberto Gil Montoya, Santiago Gamboa, Octavio Escobar Giraldo, Philip Potdevin, Héctor Abad Faciolince y Jorge Franco Ramos,10 en donde los aspectos fundamentales para este grupo son la remitologización de temáticas universales, la revisitación del pasado, la hibridación de la cultura popular y lo urbano, el escepticismo ideológico e ironía crítica, la literatura sin pretensiones regionales, nacionales o universales, la muerte del autor y la relación de la literatura y el hombre con las tecnologías virtuales. O así mismo, es importante ver cómo Escobar realiza una clara selección de cuatro autores que considera representativos de Colombia en su libro Cuatro náufragos de la palabra, en donde habla de que ellos “revelan parte de a esencia de nuestra cultura”

Otros libros del autor

 Angosta 

 Basura

 Fragmentos de amor furtivo 

 El olvido que seremos 

 Oriente empieza en El Cairo 

 Traiciones de la memoria 



"El amanecer de un marido", de Héctor Abad Faciolince, forma parte del libro del mismo título, editado por Seix Barral, el año 2008, con locución de Jesús Martínez González, y música basada e n "sonata nº 1 en G mayor, op.78, 2-Adagio" de Johannes Brahms.

sábado, 1 de marzo de 2014

'Soñando Praga' con locución de Lázaro Giménez

Consulta su disponibilidad
Pero no soporta quedarse en mi interior y me arrebata sin objetivo alguno (El comerciante, Franz Kafka)

Así comienza el relato "Soñando Praga" perteneciente al libro "El mismo fuego", publicado por la editorial Círculo Rojo. El libro comprende las confesiones íntimas y las obsesiones de personajes dispares que, en unos casos, anhelan la vida que nunca tuvieron, en otros sienten pena de la que llevan o que están instalados en la biografía que le hubiera correspondido a otras personas.

Todos se consumen y alimentan de "el mismo fuego" existencial de la narración de Giménez, que presenta en su ópera prima una variopinta galería de personajes encerrados en una decena de relatos.

Un escritor enamorado de la protagonista del libro que le lanzó a la fama; un matrimonio aislado por la nieve e instalado en los reproches; un oficinista gris que sueña con viajar a Praga; un bibliotecario con la misión enciclopédica de abordar la historia completa de la literatura universal, o un detective obsesionado con el culo de la mujer a la que investiga, son algunos de sus personajes.

Sobre el autor

Giménez (Lorca, 1983) desarrolla su trabajo como periodista en la cadena SER y satisface su pasión por la crítica literaria y su avidez lectora en su blog untipodeletras.net.







"Soñando Praga", de Lázaro Giménez, que forma parte del libro "el mismo fuego", editado por Círculo rojo, el año 2013, con locución del propio autor, y música basada en "escena en el campo" de la "Sinfonía Fantastica" de Héctor Berlioz, y un breve fragmento de "Vltava" del poema sinfónico "Ma Vlast" de Bedrich Smetana