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Antonio Rodríguez Almodóvar
Novelista, poeta, autor dramático y guionista de televisión, dedicado al público infantil y juvenil con más de cincuenta libros, entre los que destacan sus conocidos Cuentos de la Media Lunita y Cuentos a la luz de la lumbre. Galardonado con numerosos premios y reconocimientos entre los que se encuentra, el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2005 y eI Premio Washington Irving en 2011.
"Yo dos y tú uno", cuento recogido por Antonio Rodríguez Almodóvar en "Cuentos al amor de la lumbre"con locución de Raquel López Navarro, Ramón Andrés Jiménez Jodar, Cati Parra Arcas y Miguel Ángel Hernández García, y música basada en "Iberia" de Albeniz
LEE EL CUENTO
YO DOS Y TÚ UNO
Dramatización de un cuento popular andaluz
PERSONAJES
MARIDO
MUJER
SACRISTÁN
VECINOS
VECINAS
(Interior de una casa de aldea, muy pobre.
Una mesa, sillas y, en un rincón, un viejo camastro.)
(En escena, Marido y Mujer, discutiendo.)
MUJER:
Tú eres mi marido y yo tu mujer. No es justo que tú cenes siempre dos huevos y yo uno solo. ¡Pero esto se acabó! ¡Te
aseguro que se acabó!
MARIDO:
Mujer, ¿qué quieres decir?
MUJER:
¡Que estoy harta de hacer la tonta! Llevamos veinte años cenando yo un huevo y tú dos, ¿verdad?
MARIDO:
Eso es.
MUJER:
Bueno, pues ahora, durante otros veinte años, si Dios nos da vida, cambiaremos las tornas: yo cenaré dos huevos y
tú uno nada más.
MARIDO:
¡Pero eso no puede ser! Me moriría de hambre.
MUJER:
¿Y yo? ¿Me he muerto de hambre yo? Pues tú tampoco te morirás, pierde cuidado.
MARIDO:
Sí; me moriré.
MUJER:
Haremos otra cosa: desde hoy nos turnaremos: un día me tocarán a mí dos y otro día te tocarán a ti. ¿Conforme?
MARIDO:
No.
MUJER:
Pero ¿y por qué?
MARIDO:
Porque me conozco y sé que no podré resistir.
MUJER:
¿Sabes lo que eres tú? Un egoísta.
MARIDO:
¿Y sabes lo que quieres tú? Quedarte viuda.
MUJER:
No podrás morirte por eso.
MARIDO:
Sí que me moriré.
MUJER:
Pues es igual: si te mueres, te entierran. No me dejaré ablandar.
MARIDO:
¿No? En ese caso ya puedes comprarte el luto, porque ahora mismo me muero. (Se
echa sobre el camastro y se queda rígido, panza arriba.)
MUJER:
Déjate de tonterías y levántate de ahí.
MARIDO:
No puedo, estoy muerto.
MUJER:
¡He dicho que te levantes!
MARIDO:
¿Y me darás de cenar dos huevos?
MUJER:
¡Uno!
MARIDO:
¡Dos!
MUJER:
¡Uno!
MARIDO:
¡Dos!
MUJER:
¡Uno!
MARIDO:
Está bien. Vete de aquí y déjame descansar en paz. Respeta a los difuntos.
MUJER:
¡Mira que llamo a los vecinos!
MARIDO:
Pues llámalos.
MUJER:
¡Mira que te van a enterrar!
MARIDO:
¡Pues que me entierren!
MUJER.
¿Con que esas tenemos? ¡Ahora verás! (Asomándose
a una puerta que habrá en el foro.)
¡Acudid, vecinos! ¡Vecinos, acudid, que mi marido se ha muerto!
(Entran vecinos y vecinas, entre ellos el
sacristán, que es cojo.)
TODOS:
¿Qué pasa? ¿Qué sucede?
MUJER:
(Haciendo que llora.) ¿Qué pasa?
¿Pues no lo veis? ¡Que mi marido se ha muerto!
TODOS:
¡Qué horror!
VECINA
1ª: ¡Quién lo iba a decir! ¡Ayer tan sano y tan bueno!
VECINA
2ª: No somos nada.
SACRISTÁN:
¡Polvo eres y en polvo “reverteres”! ¿Y cómo ha sido el óbito?
MUJER:
No hubo óbito ni nada. De repente le dio un patatús, estiró la pata y se quedó tieso como un poste.
SACRISTÁN:
Habrá que avisar al cura.
MUJER:
Ya le he mandado aviso.
SACRISTÁN:
Y al médico.
VECINO:
No veo qué va a hacer el médico aquí. A las leguas se ve que el difunto está completamente muerto.
SACRISTÁN:
No seas ignorante, Robustiano. El médico tiene que certificar la defunción. Sin ese requesito no podrá ser inhumado.
VECINO:
(Con la mano en la oreja.) ¿Qué ha
dicho usted? ¿Qué no podrá ser ahumado?
SACRISTÁN:
Inhumado. He dicho in-hu-ma-do.
VECINO:
¡Ah, ya! Oiga, ¿y eso qué es?
SACRISTÁN:
Enterrado. ¿Comprende ahora? Enterrado. (Aparte.)
¡Qué alfabetismo hay en este pueblo!
VECINA
1ª: (Admirada.) ¡Hay que ver! ¡Cuánto
sabe este hombre!
VECINA
2ª: Es un portento. A los veinte años, era capaz de leer casi de corrido. ¡Lástima que tire de una pierna!
MUJER:
¡Ay, pobre marido mío! (Se arrodilla ante
él, y haciendo como que llora, le habla
en voz baja.) ¡Mira que la cosa va de verás!
MARIDO:
Pues que vaya.
MUJER:
¡Mira, marido, que esto ya dura demasiado! Es una broma pesada.
MARIDO:
Si a estar muerto le llamas broma…
MUJER:
Está bien, tú has ganado: cenarás dos huevos.
MARIDO:
(Poniéndose en pie de un salto.)
¡Viva! ¡Me cenaré dos! ¡Me cenaré dos!
(Todos escapan espantados, gritando y
atropellándose al salir por la puerta. El Sacristán, que como es cojo no puede
correr y se habrá quedado el último, se pone a dar vueltas por la habitación,
exclamando:)
SACRISTÁN:
¡Dice que se cenará dos! ¡Pobre de mí! ¿Quién será el otro? ¡Porque uno soy yo, no cabe duda! ¡Ay! ¡Ay!
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