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  • Banco de Relatos Sonoros de la Red de Bibliotecas de Lorca
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    Juan el oso con locución de Paco Jorquera




    ESCUCHA EL RELATO


    “Juan el oso”, con locución de Paco Jorquera, y música basada en “Los Planetas” de Gustav Holst y ”Joie, plaisance et douce norriture” de Guillaume de Machaut.

    Este texto es un cuento clásico de tradición oral anónimo y adaptado por Paco Jorquera.

    LEE EL TEXTO


    Esta es una historia de antes de que el hombre fuera hombre; y quizב sobre cómo lo hizo.
    Juan nació en una cueva y solo veía el sol cuando su padre, un terrible oso, apartaba la piedra que tapaba la entrada para traerles comida a él y a su madre. Su madre era una cariñosa granjera que había sido encerrada allí por los instintos del enorme animal.

    Juan, que había heredado su pelo de oso, sus grandes pies de oso, y su rabo de oso; creció, también, grande y fuerte cómo un oso. Un día, cuando ya tenía doce años, Juan le dijo a su madre:

    -"Madre, quiero ver el sol, quiero ver qué hay más allá de esa piedra. Ivámonos de aquí!" y con sus fuertes brazos apartó la gran roca como si nada. Su madre, que tenía miedo del terrible oso, dudó y dijo a Juan que era peligroso salir. Que aunque fuera una cueva pequeña, allí estaban seguros. En ese momento, el oso, que volvía de cazar; encontró a Juan en la entrada. Y sorprendido de al ver que había podido mover.la gran piedra rugió enfadado. Pero Juan, levantó la gran piedra y mató al oso lanzandosela.

    Juan ysu madre se fueron al pueblo de sus abuelos, que celebraron contentos el regreso de su hija; y, aunque sorprendidos, también acogieron a su peludo nieto.

    Para Juan.todo era-nuevo. Los árboles, los riachuelos, y también la escuela a la que lo mandaron. Pero no todo era bueno. Pues en la escuela se metieron con él:

    -"Mira que pelos más largos. [Es cómo un oso!" -Se burlaban los niños.
    -"Mira que rabo tiene. ¡ Eso no puede ser normal, parece un oso!" Se horrorizaban las niñas.
    -"Pero qué pies más grandes y descalzos. iAsí no puedes venir aquí, so anima!!" -Decía los maestros.
    y pasaba tan a menudo que empezaron a llarnarlo "Juan el Oso". A Juan no le gustaba que se burlasen de él y se pasaba el día peleándose. E incluso llegó a enfrentarse a los maestros. Un día le dijeron: "Si esto sigue así tendrás que irte." ¿y qué creéis que dijo Juan? "¡Pues me voy!"

    En casa le dijo a su madre que quería irse a ver mundo, que incluso el pueblo era pequeño.
    Entonces su madre fue a visitar al herrero y pidió que le hiciera una porra de siete toneladas. Y así lo hizo el herrero. Puso la forja a todo lo que daba e hizo una porra enorme. Tan grande que cuando terminó no pudo ni moverla. Pero entonces llegaron Juan y su madre, y esta le dijo: "Toma esta porra, Juan, y ves a buscar tu sitio." Juan se la echó al hombro y con ella se fue tranquilamente.

    Por el camino, encontró a un par de hombres que estaban trabajando el campo. Mientras uno arrancaba pitos a guantazos, el otro allanaba la tierra a culazos.

    -Me llamo Juan el Oso, ¿vosotros cףmo os lIamבis?-Dijo Juan orgulloso.
    -Yo soy Arrancapinos. -Contestף el que arrancaba pinos a guantazos.
    -y yo soy Allanarnontes."> Dijo el que allanaba el suelo a culazos.
    -¿Cuánto os pagan por eso que hacéis?
    -Cuatro perras. -Respondieron al unísono.

    -Pues yo os doy el doble si os venís conmigo. -Cuando Juan dijo eso los hombres se miraron, tomaron sus cosas, dejaron el campo a medio hacer y se fueron con él.

    Al caer la noche buscaron refugio y encontraron una casucha abandonada y destartalada con un pozo. Entre los tres decidieron que Arrancapinos se quedaría a hacer la cena, y mientras,  Juan y Allanamontes irían a buscar la comida para el día siguiente. Cuando Arrancapinos ya  había terminado de hacerla, del pozo salió un duende barbudo y le dijo:

    -¡Tú, animal de bellota! ¿No sabes que ésta es mi casa? Dame ahora mismo esa olla.
    - ¡¿Pero qué dices canijo?! Esta olla es nuestra y no te la voy a dar.
    -j¿Que, qué?! -jBim!¡Pam! El duende, que era más fuerte de lo que parecía, le dio una tunda a Arrancapinos que lo dejó tiritando. Luego se comió la cena; se cagó en los cacharros y se metió al pozo de nuevo.

    Cuando Juan y Allanamontes vieron el panorama le preguntaron qué había pasado, y Arrancapinos le contó la historia. Éstos lo miraron extrañados y tuvieron que conformarse con el pan duró que había quedado:

    Al día siguiente se quedó Allanamontes a hacer la cena mientras los otros dos salían a buscar.
    Ahí estaba la cena recién hecha que salió de nuevo el duende y dijo:

    -¡Tu pollino! ¿No sabes que ésta es mi casa? Me voy a comer esa olla y te vas a enterar. -El duende.cumplió su palabra. Le dio aAllanamontes una somanta de palos que lo dejó temblando, se comió la comida y se cagó en los cacharros .

    Cuando volvieron sus compañeros, les contó la historia. Juan, resoplando dijo: "Venga, pues mañana me quedo yo," Al día siguiente se fueron Arrancapinos y Allanamontes a buscar lo del día siguiente y Juan se quedó haciendo un cocido que olía a gloria. Y claro, el duende salió de nuevo del pozo. Pero ésta vez, antes de que pudiera abrir la boca, Juan echó mano a su enorme cachiporra de siete toneladas y le dio en todo el morro, tan fuerte que el duende voló de una punta a la otra de la casa. Éste miró a Juan sorprendido y le dijo: "Vale, vale. No me pegues más. Mira, quédate con mi oreja. Cuando tengas un problema, muerdela." El duende se cortó la oreja y se la dio a Juan, y acto seguido se metió en el pozo y desapareció.

    Cuando los otros dos llegaron y vieron el cocido que había, se relamieron. Juan les puso de
    cobardes para arriba, pero esa noche los tres se dieron un festín.

    Cuando amaneció, y estaban frescos, decidieron que bajarían al pozo a buscar tesoros. Cogieron una cuerda muy larga y la echaron para abajo. El pozo era tan profundo y tan oscuro que no se veía el fondo. Juan le dio una campanilla a Allanamontes y le dijo que bajase primero, y que cuando no pudiera más o si había algo peligroso tocase la campana y le subirían enseguida. Ahí que bajó Allanamontes, y cuando iba a mitad de camino, escuchó un siseo que le puso los pelos de punta. Tocó la campana tan fuerte como pudo y los otros lo subieron enseguida. Entonces fue el turno de Arrancapinos. Bajaba él, cuando escuchó el siseo, pero aguantó. Pero entonces, un poco antes de lIegaral fondo, escuchó unos golpes muy fuertes en el suelo que lo hicieron retumbar, tocó la campanilla como un loco y enseguida lo subieron. 

    Por último, Juan se ató la cuerda y se lanzó al pozo. Bajó y bajó. Escuchó el siseo y los golpes, y también unas carcajadas muy graves. Pero él bajó con la porra colgando y llegó hasta el fondo. Una vez abajo, la agarró con fuerza, se la echó al hombro y se fue a explorar.

    Encontró, entonces, una habitación con tres puertas. Se acercó a una de ellas y la echó abajo de una patada. Allí encontró a una joven muy bonita que lloraba. Al ver a Juan, con sus grandes pies, su upido pelo y su rabo de oso, se sorprendió; y le dijo: "Vete de aquí muchacho, pues me guarda un toro bravo y te matará si te ve." Juan, que no tenía miedo fue a enfrentarse al toro; y de un cachiporrazo lo dejó tieso. Entonces ató a la joven a la cuerda e hizo sonar la campana para que la sacaran de allí.

    Fue entonces a la siguiente puerta y la tumbó de un bofetón. Allí encontró a otra jovencita, igualde hermosa que la anterior. Ésta también se sorprendió al verlo sujetando la enorme ',' cachiporra de siete toneladas. Pero al ver que no había mal en él, le dijo: "Oh! Fuerte mozo, a mí me guarda una serpiente de diez cabezas. Vete, vete o te matará." Pero Juan no tenía miedo de la serpiente y fue a enfrentarse con ella. Le dio un cachiporrazo en cada cabeza hasta que dejó de moverse. Y entonces, ató a la chica a la cuerda y tocó la campanita para que la sacaran de allí.

    Por fin llegó a la tercera puerta, y la echó abajo de un cabezazo. Dentro había una chica tan  bonita cómo las otras dos, que al ver los grandes pies, el pelo y el rabo de oso de Juan; su gran  cachiporra, y sus grandes músculos; se echó a sus brazos llorando y le contó su historia:

    Le dijo que ella y sus tres hermanas eran princesas de un reino lejano a las que un gigante había. encantado por haber tocado un manzano en el jardín de palacio. Un manzano que su padre les había prohibido tocar. Y que al hacerlo, la tierra se abrió y se las tragó. Pero también le advirtió:

    -A mí me guarda el mismo gigante y te matará si te ve.
    -No tengo miedo. -Dijo Juan.
    -Si vasa luchar con él, debes saber que te llevará a otra habitación donde hay muchas espadas.

    Te dará la que más brilla, pero tú coge la más vieja y deslustrada.
    Una gran risotada grave sacudió la caverna. "¡Hueeeelo a caaarne freeesca!". La princesa escondió a Juan en un armario, pero cuando el gigante la amenazó con comérsela a ella si no le decía dónde estaba, Juan salió con su gran cachiporra en la mano.

    El gigante le dio un guantazo tan fuerte que él y su cachiporra de siete toneladas salieron volando  en direcciones diferentes. Entonces cogió a Juan con sus enormes manazas y se lo llevó a otra  habitación y allí lo soltó. Cómo la princesa le había dicho había muchas espadas, brillantes la  mayoría. Y el gigante le dijo:

    -Te vooooy a dar una oportunidaaaad, coocooge ésta espaaaaada y lucha conmiiiiiiigo.-  Ofreciéndole una espada muy brillante.

    Pero Juan, haciendo caso a la princesa tomó la más vieja y deslustrada. Dándose cuenta que era de hierro y no de hojalata como las otras. Lucharon y lucharon hasta que Juan se las apañó para darle una estocada mortal y matar al gigante. Entonces ató a la princesa a la cuerda, pero antes de que la subieran, ésta le dio a Juan un anillo que llevaba. Sin embargo, cuando le tocó subir a él, vio caer la cuerda al completo y se dio cuenta de que Arrancapinos y Allanamontes se había ido llevándose ellos a las princesas; y de que él no podría salir.

    Entonces se acordó de la oreja del duende. La sacó, la mordió, y apareció de la nada el duendecillo que le preguntó qué quería. Juan respondió: "Dame claridad." Entonces el duende se dividió en un montón de duendecillos que acariciándolo con las manitas fueron quitandole la piel de oso y poniéndole un traje elegante. Luego se juntaron de nuevo y se transformaron en un caballo de grandes alas blancas. Juan se montó en él y volando salió del pozo.

    Al llegar al reino lejano, Juan se enteró de que el rey había dado una gran recompensa a dos  valerosos jóvenes que habían rescatado a sus tres hijas del pozo. Pero que para casarlas primero debían llevarle la uña de un genio que estaba en un bosque profundo, las alas de un cuervo rojo, y ganar las justas del reino.

    Entonces Juan, montado en su caballo volador fue al bosque y encontró la uña rápidamente, en la copa del árbol más alto. Al volver se encontró con Arrancapinos que no lo reconoció, éste le dijo que si le daba la uña, haría lo que fuese por él. Entonces Juan, astuto, sujetando la uña le dijo: "A partir de ahora y durante un año no podrás mentir. ¿Aceptas?" Arrancapinos, sin pensárselo dos veces aceptó, y Juan le dio la uña.

    De ahí, se fue volando hasta el castillo dónde encontró al cuervo rojo enjaulado debajo de la mesa real; bajo una losa suelta. Al salir se encontró a Allanamontes que tampoco lo reconoció. 

    y éste le dijo que haría por él cualquier cosa si le daba el cuervo. Juan, sosteniendo la jaula del cuervo le pidió que le contara la historia de cómo habían encontrado a las princesas. Y Allanamontes se jactó de cómo habían engañado a Juan y engañado al rey. Juan cumplió su palabra y le entregó el cuervo.

    Después se apuntó a las justas, y allí su fuerza y su caballo volador no tuvieron rival. Y fue reconocido cómo el hombre más fuerte del reino.

    Entonces los tres se presentaron ante el rey con sus trofeos. Pero cuando el rey iba a anunciar su juicio, Juan dio un paso al frente y dijo:

    -Mi rey, el único que salvó a las princesas soy yo y estos hombres me engañaron. Y aquí está la prueba. -Juan enseñó el anillo que le había dado la princesa. Y las tres jovencitas lo reconocieron al instante.

    -Tienes mi gratitud valiente joven, pero eso no es suficiente para casarte con ellas. -Dijo el rey.
    -Lo sé, mi rey. Pero también soy yo quien ha conseguido éstos tres trofeos.
    -¿Es eso cierto? -Preguntó el Rey mirando a-Arrancapinos y a Allanamontes.

    Arrancapinos estaba a punto de contar una mentira, pero entonces la uña del genio, que era mágica, haciendo realidad el pacto que hicieron, encantó al hombre que tuvo que decir la verdad.-Si es, cierto mi rey. -Dijo Arrancapinos sorprendido de que esas palabras salieran de su boca.

    -No, no es cierto, éste cuervo lo encontré yo. -Replicó Allanarnontes. Pero entonces:
    -¡Graaak! Mentira, mentira. -Dijo el cuervo que había escuchado la conversación entre él y Juan. Pues cómo todo el mundo sabe, los cuervos rojos saben hablar, y éste contó al rey lo que había escuchado. El rey miró a Juan y asintió impresionado, casándolo con las tres princesas. Y a Arrancapinos y Allanamontes los mandó a trabajar a las cocinas como castigo.

    Y cómo era de esperar, Juan y las princesas fueron felices y comieron las perdices que los bribones les tuvieron que preparar.  


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